Los mercados se mueven por instintos básicos. El fin último de los vendedores es ganar dinero, excepto en el caso de las ONGs, y el fin último del comprador es satisfacer una necesidad o un deseo y hacerlo al menor precio para aumentar su capacidad de compra (o capacidad de satisfacer más necesidades y deseos).
La mayoría de las veces que hablamos de justicia social o consumo responsable pedimos que el consumidor o el comerciante, con un ejercicio de voluntad, reprima sus instintos básicos. Pedimos que el comerciante gane menos o reparta más, o que el consumidor reduzca su capacidad de satisfacer deseos para que otros ganen capacidad de satisfacer necesidades.
Es verdad que este modelo funciona en ocasiones, pero para mí no es sostenible y nunca alcanzará la suficiente relevancia y madurez por este camino. Necesitamos un modelo de mercado donde satisfaciendo nuestros deseos también satisfagamos las necesidades merecidas de otros, siempre dentro de un marco de justicia social.
Tengo confianza en que las iniciativas de comercio justo generarán en un futuro mercados de este tipo. Pero este modelo no debería ser exclusivo para ayuda a los países del sur, ya que también hay mucha injusticia social en los países desarrollados.
José Manuel Delgado
No comparto el modelo comunista y estoy mas cerca del modelo capitalista donde cada uno debe de trabajar por obtener un beneficio, pero siempre debemos de garantizar unos servicio minimos, de lo contrario no existiría justicia social, aún así la disyuntiva se encuentra donde el precio de los productos es marcado por la ley de la oferta y la demanda, o por la conciencia.
¿La conciencia debe marcar un precio a la baja, o repartir beneficios entre toda la cadena productiva?
Pienso y estaría interesado en que modelos o como están estructurados los distintos modelos existentes para un modelo justo.
Saludos
C. Hillo